dermatologia
Otitis en perros y gatos: síntomas, causas y cuándo preocuparte
28 de julio de 2026
Tu perro sacude la cabeza varias veces al día, o tu gato se rasca la oreja hasta dejarla enrojecida. Es tentador tratarlo como lo que parece: un oído sucio que necesita una limpieza. A veces es exactamente eso.
Pero la otitis —la inflamación del oído— es una de las consultas más frecuentes en dermatología veterinaria, y también una de las que más tiende a cronificarse. Y eso significa precisamente lo contrario de lo que parece: que casi nunca es “solo” un oído sucio. En la mayoría de los casos hay algo detrás —una alergia, un parásito, un exceso de humedad— que sostiene el problema aunque se limpie una y otra vez.
Esta guía repasa los tipos de otitis según la zona del oído afectada, sus causas más frecuentes, cómo reconocerla en perros y en gatos, por qué tiende a repetirse y qué hace un diagnóstico correcto. El objetivo: que sepas cuándo un oído irritado es cosa de un día, y cuándo merece una consulta antes de que se complique.
Los tres tipos de otitis según la zona afectada
No toda otitis es igual de grave, y la diferencia principal está en hasta dónde ha llegado la inflamación.
- Otitis externa. Afecta el canal auditivo externo, el tramo de oído visible desde fuera hasta el tímpano. Es, con diferencia, la más frecuente y la que casi siempre se detecta primero.
- Otitis media. La infección o inflamación cruza el tímpano y llega al oído medio. Casi siempre es la consecuencia de una otitis externa que no se trató a tiempo, o que se trató mal —de forma incompleta, o sin identificar la causa real.
- Otitis interna. La más grave de las tres. Compromete estructuras responsables del equilibrio y de parte de la audición, y puede dejar secuelas neurológicas: cabeza ladeada de forma permanente, pérdida de audición, alteraciones del equilibrio que no siempre son reversibles.
Una misma otitis puede empezar externa y, sin tratamiento adecuado, progresar hacia media o interna. De ahí que el momento en el que se interviene importe tanto como el tratamiento en sí.
Por qué aparece la otitis: las causas más comunes
Detrás de una otitis casi nunca hay una sola causa, sino una combinación de factores que se refuerzan entre sí. Los dermatólogos veterinarios suelen distinguir entre lo que desencadena el problema y lo que lo perpetúa, y esa distinción es clave para entender por qué unos tratamientos funcionan y otros no.
Alergias. Son, con diferencia, el desencadenante más habitual de otitis crónica o recurrente. Tanto la dermatitis atópica como la alergia alimentaria pueden manifestarse en el oído exactamente igual que en la piel —de hecho, en muchos perros y gatos el oído es una de las primeras zonas donde se nota el problema, antes incluso de que aparezca picor generalizado. Si tu mascota tiene otitis de repetición sin una causa parasitaria o anatómica clara, una alergia de base es la sospecha número uno. En nuestra guía sobre picor y alergias en la piel de perros y gatos explicamos con detalle cómo se identifican estas alergias y por qué tienden a solaparse con la otitis.
Parásitos. El más relevante es el ácaro Otodectes cynotis, causante de la llamada sarna otodéctica. Es especialmente frecuente en gatitos y en animales que han estado en contacto con colonias felinas o con otros animales sin desparasitar, y produce una secreción muy característica, oscura y granulada, que recuerda a posos de café.
Infecciones secundarias. Bacterias y hongos —Malassezia es uno de los más habituales— no suelen ser el origen del problema, sino los que aprovechan un oído ya inflamado o húmedo para proliferar. Por eso tratar solo la infección, sin abordar lo que la favorece, suele traducirse en una mejoría que dura semanas y luego se repite.
Exceso de humedad. Baños, natación, ambientes muy húmedos o climas cálidos crean las condiciones perfectas para que bacterias y levaduras se multipliquen dentro del canal auditivo. Es un factor que casi nunca causa la otitis por sí solo, pero que la agrava y la perpetúa con enorme facilidad.
Factores anatómicos. Orejas caídas, conductos auditivos estrechos o con mucho pelo —típico de ciertas razas— dificultan la ventilación natural del oído y facilitan que la humedad y las secreciones queden atrapadas. No son la causa de fondo, pero explican por qué algunas mascotas son mucho más propensas que otras a desarrollar otitis ante el mismo desencadenante.
Síntomas en perros
En perros, la otitis suele dar la cara de forma bastante evidente:
- Sacudidas de cabeza frecuentes, más allá de las ocasionales tras un baño o un paseo
- Rascado insistente de la oreja o la zona alrededor
- Mal olor procedente del oído, a veces perceptible sin necesidad de acercarse mucho
- Secreción visible, que puede ir del amarillento al marrón oscuro según la causa
- Dolor al tocar la zona: el animal se aparta, gruñe o se queja al intentar examinarle la oreja
- En casos ya avanzados, inclinación de la cabeza hacia el lado afectado o pérdida de equilibrio
Estos dos últimos signos no son triviales. Suelen indicar que la inflamación ha progresado más allá del oído externo, y son motivo de consulta sin demora.
Síntomas en gatos (más discretos, fáciles de pasar por alto)
Como ocurre con muchas otras dolencias felinas, la otitis en gatos tiende a expresarse de forma más sutil que en perros, lo que hace que se detecte más tarde.
- Inclinación leve de la cabeza, a veces intermitente
- Sacudidas ocasionales, menos frecuentes o llamativas que en el perro
- Rascado que, con el tiempo, puede llegar a producir heridas y pérdida de pelo alrededor de la oreja
- Cambios de comportamiento poco específicos: el gato evita que le toquen la cabeza, se muestra más irritable o pasa más tiempo escondido
Muchos propietarios de gatos no relacionan estos signos con un problema de oído hasta que la otitis ya lleva tiempo instaurada. Si notas cualquiera de estos cambios, junto con otros signos generales de malestar, nuestra guía sobre señales de que tu gato está enfermo te ayuda a reconocer cuándo conviene pedir cita.
Por qué la otitis se vuelve recurrente si no se trata la causa de fondo
Este es, probablemente, el punto que más frustra a los propietarios: “se lo tratamos y a los pocos meses vuelve a lo mismo”. La explicación casi siempre es la misma. Se trató la infección o la inflamación puntual, pero no lo que la estaba provocando.
Si el desencadenante real es una alergia no diagnosticada, el oído volverá a inflamarse en cuanto se retire el tratamiento, porque las condiciones que favorecen la infección —más humedad, más inflamación, un ambiente más propicio para bacterias y hongos— siguen presentes. Es un círculo que se retroalimenta: la alergia inflama el oído, la inflamación favorece la infección, y la infección genera más inflamación todavía.
Por eso un historial de “otitis que va y viene” no debería tratarse como mala suerte, sino como una señal de que falta identificar la causa de base. Es exactamente el mismo mecanismo que describimos para la piel en nuestro artículo sobre picor y alergias cutáneas: tratar el síntoma sin tratar la causa solo compra tiempo.
Cómo se diagnostica correctamente
Un diagnóstico bien hecho combina varios pasos, no una sola prueba:
- Historia clínica detallada. Cuándo empezó, si es la primera vez o se repite, si sigue un patrón estacional, y qué tratamientos se han probado antes. Este dato por sí solo ya orienta mucho al veterinario.
- Examen con otoscopio. Permite valorar el estado del canal auditivo, si el tímpano está íntegro, si hay cuerpos extraños, y el aspecto y cantidad de la secreción.
- Análisis microscópico de la secreción (citología). Una muestra tomada con un hisopo se examina al microscopio para identificar si predominan bacterias, levaduras como Malassezia, o parásitos. Este paso es el que determina qué tipo de tratamiento va a ser realmente efectivo, y es la razón por la que “probar un producto” sin diagnóstico previo suele fallar o mejorar solo de forma pasajera.
- Cultivo con antibiograma, en casos concretos: otitis recurrente, mala respuesta a tratamientos previos, o secreción muy purulenta. Permite identificar con precisión qué microorganismo está implicado.
Con el canal ya muy inflamado o con dolor importante, en ocasiones es necesaria sedación para completar la exploración con garantías, sin causar sufrimiento innecesario al animal.
Prevención: cómo reducir el riesgo
No toda otitis se puede evitar, pero el riesgo sí se puede reducir de forma notable:
- Revisa y seca bien las orejas después del baño o de nadar, sobre todo en razas con orejas caídas o conductos estrechos
- Presta atención extra si tu perro o gato pertenece a una raza predispuesta por su anatomía auditiva
- Si tu mascota ya tiene una alergia diagnosticada, mantener esa alergia bajo control es, indirectamente, la mejor prevención de otitis
- Programa revisiones periódicas del oído en las visitas veterinarias habituales, especialmente si ha tenido algún episodio previo
Preguntas frecuentes
¿Puedo limpiarle los oídos en casa a mi perro o gato?
Depende del contexto. Como parte de una rutina de higiene, sin síntomas ni infección activa, puede ser razonable, y tu veterinario puede indicarte si conviene en tu caso y con qué frecuencia. Pero si ya hay mal olor, secreción, dolor o rascado insistente, limpiar el oído no soluciona nada de fondo: puede aliviar el aspecto un par de días y, además, dificultar el diagnóstico posterior al alterar la muestra que el veterinario necesita examinar.
¿La otitis es contagiosa entre mascotas?
No siempre, y depende de la causa. Cuando el origen es un parásito como Otodectes cynotis, sí puede transmitirse entre perros y gatos que conviven, y es frecuente que haya que revisar y tratar a todos los animales del hogar. Cuando el origen es una alergia, un factor anatómico o el exceso de humedad, no hay riesgo de contagio: es un problema individual de ese animal.
¿Por qué le vuelve a salir si ya lo tratamos?
Casi siempre porque se trató el episodio —la infección o la inflamación puntual— pero no la causa que lo generó. Si detrás hay una alergia sin diagnosticar, unos conductos auditivos anatómicamente propensos, o una exposición repetida a humedad, el oído va a volver a inflamarse en cuanto se den las condiciones adecuadas. Un historial de otitis recurrente es, en sí mismo, un motivo para investigar la causa de base, no solo para repetir el mismo tratamiento.
¿Cuándo es una urgencia?
Pide cita cuanto antes, sin esperar, si observas inclinación de la cabeza que no remite, pérdida de equilibrio, dolor intenso que impide tocar la zona, hinchazón marcada, o si tu mascota deja de comer o se muestra muy decaída junto con los síntomas de oído. Son signos de que la otitis puede haber progresado más allá del oído externo, y cuanto antes se valore, menor es el riesgo de secuelas.
Cuándo pedir cita para valorar el oído de tu mascota
Una otitis bien diagnosticada y tratada a tiempo suele resolverse sin mayores complicaciones. El problema aparece cuando se aborda solo por partes —limpiar sin diagnosticar, tratar la infección sin tratar la alergia— porque entonces el ciclo se repite y el riesgo de llegar a un oído medio o interno aumenta con cada recaída.
En la Clínica Veterinaria Rovira, la Dra. Andrea Aldea, especialista en Dermatología Veterinaria con certificación de posgrado (GPCert), valora cada caso de otitis de forma individualizada, identificando la causa de fondo y no solo el episodio puntual, en coordinación con el equipo de medicina felina cuando el paciente lo requiere. Si tu perro o tu gato sacude la cabeza, se rasca la oreja con insistencia o notas mal olor, no esperes a que se le pase solo: pide una cita y démosle a su oído el diagnóstico que necesita.
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